lunes, 1 de abril de 2013

UNA PIEDRITA Y LA PUNTA DE UN ZAPATO

María José Sánchez Vázquez
                                                                   



Rayuela fue publicada en 1963, por tanto ahora se cumple su cincuenta aniversario.

Singular novela en la que Cortazar nos presenta un vasto universo psicológico de cada personaje y la relación que, desde este universo, establecen con el amor, la muerte, los celos y el arte.  





"La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas  y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan como ingredientes una piedrita y la punta de un zapato." (Cap. 36)





Ríos de tinta se han derramado sobre miles de páginas para hablar sobre Cortazar y su obra más emblemática. Así que no seré yo quien añada nada más. Será el propio autor quien lo haga.



Como ya vengo haciendo en esta sección, donde sólo dejo mis impresiones desde la óptica de lectora, quiero compartir, en esta ocasión, algunas frases (todas, imposible) que fui señalando cuando ley la novela hace ya muchos años y que al releerla, como un pequeño homenaje, me han seguido pareciendo magníficas. Habrá muchas más y tan interesantes como éstas, pero serás tú, querido lector, quien las añadas.

"...y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico." (Cap.1)
"Y cuando llovía me entraba el agua hasta el alma"(Cap.1)
"La Maga no sabía que mis besos eran como ojos que empezaban a abrirse más allá de ella, y que yo andaba como salido, volcado en otra figura del mundo, piloto vertiginoso en una proa negra que cortaba el agua del tiempo y la negaba"(Cap.1)
"No quería que la libertad, única ropa que le caía bien a la Maga, se perdiera en una feminidad diligente." (Cap. 5)


"Y pensábamos en esa cosa increíble que habíamos leído, que un pez solo en su pecera se entristece y entonces basta ponerle un espejo y el pez vuelve a estar contento..." (Cap. 8)
"y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre, más que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez dónde se reserva ser alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñará a los niños el primer compás de un ragtime y la primera frase de un blues, etcétera, etcétera."(Cap. 17)
"Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario." (Cap.21)
"¿Quién estaba de vuelta de sí mismo, de la soledad absoluta que representa no contar siquiera con la compañía propia, tener que meterse en el cine o en el prostíbulo o en la casa de los amigos o en una profesión absorbente o en el matrimonio para estar por lo menos solo-entre-los-demás?(Cap.21)
"Probablemente de todos nuestro sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose."(Cap. 28)
"Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer."(Cap. 32)
"y te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete." (Cap. 32)
"Como el Cielo estaba en el mismo plano que la Tierra en la acera roñosa de los juegos, y un día quizá entraría en el mundo donde decir Cielo no sería repasador manchado de grasa, y un día alguien vería la verdadera figura del mundo, y tal vez, empujando la piedra, acabaría por entrar en el kibbutz."(Cap. 36)
"A veces siento que entre dos que se rompen la cara a trompadas hay mucho más entendimiento que entre los que están ahí mirando desde afuera." (Cap. 46)
"Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué, angustia," (Cap. 67)
"Allí donde cierto tipo humano podía realizarse como héroe, Oliveira se sabía condenado a la peor de las comedias. Entonces valía más pecar por omisión que por comisión. Ser actor significaba renunciar a la platea, y él parecía nacido para ser espectador en fila uno. “Lo malo”, se decía Oliveira, “es que además pretendo ser un espectador activo y ahí empieza la cosa”.(Cap. 90)
"- Por qué, con tus encantamientos infernales, me has arrancado a la tranquilidad de mi primera vida… El sol y la luna brillaban para mí sin artificio; me despertaba entre apacibles pensamientos, y al amanecer plegaba mis hojas para hacer mis oraciones. No veía nada de malo, pues no tenía ojos; no escuchaba nada de malo, pues no tenía oídos; ¡pero me vengaré!" Discurso de la mandrágora, en Isabel de Egipto – de ACHIM VON ARNIM (Cap. 126 íntegro)
 
"Y sin embargo tengo buenos recuerdos de ellos. Y sin embargo pisoteo esos recuerdos en los días en que la Maga y yo tenemos la mufa de París y queremos hacernos daño". (Cap. 138)


Y para terminar, un final de “película”:
  



© María José Sánchez Vázquez



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